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Uno de los que más destaca es el restaurante "Pantagruel" en el que se practica una original cocina en base a ingredientes peruanos y técnicas internacionales, la cocina "Novoandina" creada por Bernardo Roca Rey, ex -alumno de cocina en Lausanne, y continuada por Cucho La Rosa y su hija Hirca Roca Rey. Huelga decir que estos hoteles y restaurantes están situados en los mejores barrios de Lima: San Isidro, Miraflores, Monterrico, y así como compiten en clase y elegancia, también lo hacen en el terreno gastronómico.
Pero la mayor parte de ellos son recientes, no tienen más de 10 años y vinieron con la globalización de nuestra economía: la columna vertebral de nuestra oferta gastronómica está en restaurantes como el famoso "Costa Verde", con un buffet de más de 460 platos (Record Guinness) en el que están representados potages de origen italiano, japonés, español, francés, chino, y desde luego los clásicos de nuestra Cocina Criolla. O "Las Brujas de Cachiche", que se especializa en Cocina Criolla y redescubre los platos con los que se deleitaba el Señor de Sipán hace mil años. O la cadena "Alfresco" que ha estandarizado inteligentemente la moderna cocina marinera, poniéndola a precios competitivos, o "Francesco" con su imparable propuesta ítalo-chalaca que le ha ganado tantos fieles comensales, o "El Señorío de Sulco" que promociona platos de la cocina de antaño… Sin contar desde luego con restaurantes japoneses de primera línea como el "Matsuei" y el "Makoto", restaurantes Nikkei como el legendario "Costanera 700" o restaurantes orientales de lujo como el "Royal", el "Lung Fung", o el "O-Mei", enclaves mediterráneos como "Valentino", "La Gloria" o "Le Bistrot de mes Fils", o muy fiables restaurantes de cocina italiana, como "La Trattoría", "Il Postino" o el "Blue Moon". Y no podemos dejar de mencionar las parrilladas que tanta popularidad tienen en nuestra ciudad desde que los argentinos las trajeron: "La Carreta", "El Rincón Gaucho", "La Tranquera" se cuentan entre las más antiguas y prestigiosas. Lo cierto es que en Lima hay mucha competencia en materia de calidad y sabrosura, y es muy difícil engañar al paladar peruano, de modo que quienes sobreviven a esa lucha de titanes quedan, gozan del apoyo del público, tienen sus fans que sólo quieren comer de su mano, y hay en consecuencia mucho fracaso de gente foránea que sobrevalora su paladar, y no la emboca con el nuestro, que suele ser exquisito.
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