Edición Número 3
Actualidad Gastronómica


LA PAPA


Por "El Corregidor" Mejía

Salvo el maíz, no hay nada más peruano en el mundo que la papa….
Base y cimiento de la peruanidad. Desde antes del incario.
¡Desde la más profunda noche de los tiempos!
Sus orígenes, el dominio del hombre autóctono sobre ella, está extraviada en el olvido.
Manco Cápac el Grande -dadlo por averigüado- comió, semejante a nosotros, bípedos prosaicos y corrientes, papas asadas con ají mirasol, abatanado en batanes históricos.
Y comieron las ñustas y la Coya, los amautas, las vírgenes del Sol, y los guerreros corajudos que dilataron el Imperio.
Y el pueblo, también comía papas, como el Hijo del Sol.
Hasta el brillante y suntuoso Huayna Cápac y sus hijos pleitistas, Huascar y Atahualpa y sus antecesores, se nutrieron con el tubérculo inmortal...
Los españoles lo comieron también con gran contentamiento y regocijo, a la usanza nativa.
Por cierto que el ají, más agresivo que ellos, les pondría sin igual ardimiento y escozor en sus lenguas castizas...
En venganza, los tunos, le pusieron apodo.
Irrespetuosamente, la llamaban con este remoquete: ¡Patata!...
Y los peruanos se reirían.
Luego, comieron papa nuestros libertadores. Fue a base de papas que llevóse adelante las heróicas campañas libertarias. San Martín y Bolívar, Sucre y toda la pléyade, las comieron con gusto.
Después, siguió nutriendo a nuestras eminencias.
Al gran señor y al pueblo soberano, desde la tierna infancia.
¡Las papillas son papa!
Y cuando los huahuas criollos entran a balbucir, se expresan de esta guisa:
- ¡Papa!...
Después usan la tilde y reclaman:
-¡Papá!
El papá, la papa y la comida son todos uno en el sensorio íntimo del bebé nacional.
En la palabra "papa" se encierra toda la alimentación.
Además, nuestra querida papa criolla cumplió misiones altruistas extensas.
Todos sabemos de corrido la exitosa aventura de Monsieur Parmentier, salvando del mortuorio, a punta de papa, a millones de europeos famélicos en circunstancias de espantosa apetencia...
¡Y el mundo agradecido, la adoptó!
¡La papa fue de fama mundial!
Cierto enterado agricultor sureño, ha conseguido clasificar cuatrocientos y pico variedades de papas...
Existen papas arenosas enormes de color delicado y noble forma. Otras ovales y perfectas, como cantos rodados, sin hoyuelos, más resistentes y adensadas. Las hay redondas, lisas, acanaladas, tiernas. Hay de cáscara negra y muy blancas por dentro.
¡Variedad infinita, gustos múltiples!
Tanta papa existía, su precio era tan ínfimo, que ya nos molestaba.
¡Todo era papa! ¡Papa frita, o asada o sancochada! ¡Puré! ¡Causa!...
En aquel sancochado criollo, que barbotaba toda la mañana en todos los hogares, versión peruana del cocido español acrecentado por nuestra fantasía tropical, la buena papa compatriota predominaba, indiscutida.
En los guisotes de toda índole, la papa apuntalaba, daba volumen, conjunción, incremento...
¿Y la papa amarilla -ese poema- delicada, "finita", con pequeños hoyuelos al costado como rostro de niña encantadora con cutis capulí; esa papa amarilla como yema de huevo, más que yema de huevo?
¿Dónde está?
Había tanta papa en todas partes -en la costa, en la sierra, en la montaña- que se vendía seca o conservada.
¡Para la carapulcra, con maní, carne de puerco gordo, y sabrosas rosquitas de manteca!
¡La papaseca!
¿Os acordáis?
La papa se perdía. Se vendía a centavos. Era grande y sabrosa.
¿Quién no ha visto en cualquier sitio, en todas partes del país, grupos de gente laboriosa circundando una olla con papas sancochadas? Humo que sale de la olla. Uno, las va sacando y las va repartiendo. Están calientes. Las bocas se hacen agua... Las van pelando. Queman mucho y las pasan de una mano a la otra, soplándose los dedos, que aparecen rojizos. Ponen ají y manducan y resoplan y lloran... ¡Y después, chicha con ellas!
Pero nunca es más bella, ni se presenta con tan noble atavío, entre alegres lechugas redondeadas, acompañadas de huevos duros nuevos, que bajo la forma huancayina, que nunca usaron en Huancayo...
O en calidad de "causa", en la más admirable compañía que puede imaginarse. Colorista, suntuosa y... aplastada por vistoso capote de cebollines vinagretes, camarones rosados, queso, aceitunas, pequeños trozos fritos de pescado, y moro camote endulzador...
¡La papa estaba en todas partes!...¡Estaba!...
Ahora, la papa está perdida.
Anda escondiéndose como si hubiera delinquido. Vive reseca. Está vieja la pobre. Se le agusana el interior. Clandestinea feamente.
¿Qué le pasa a la papa?
¡Ah, la papa!
¡La buena papa amada, la papa maternal, la papa veterana y grandiosa, la gran papa fundadora de la peruanidad, la humana, caritativa y noble papa peruana; nuestra papa, la compatriota y linda papa...avergonzada -no se sabe por qué- se expatría y abandona sus reales, por los reales!
De su paso, sólo queda un letrero equivocado.
¡Tanto el kilo!
¡Bueno!
¡Pero... ella no está!